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Biografía

Cineasta, autor y político chileno

Mi infancia y el exilio

Marco Enríquez-Ominami en su infancia

Nací en Santiago de Chile, el 12 de junio de 1973. Noventa y un días antes del golpe de Estado. Mi vida empezó junto con el final de un país.

Soy hijo del cofundador y secretario general del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), el médico Miguel Enríquez y de la periodista, socióloga y productora de televisión Manuela Gumucio. Nací en medio de un país convulsionado que vivía por entonces los últimos meses del gobierno de la Unidad Popular, liderado por Salvador Allende.

El 11 de septiembre lo cambió todo. Pasamos a la clandestinidad y, a los cinco meses de edad, fui expulsado de Chile junto a mi familia, por orden de un decreto militar. Comenzó así un exilio en Francia que se extendió por más de una década.

Mi padre no salió del país. Se quedó dirigiendo el MIR desde la clandestinidad, cambiando de casa cada pocas semanas, sabiendo lo que le esperaba. El 5 de octubre de 1974 la DINA rodeó la casa de calle Santa Fe, en San Miguel. Resistió durante casi dos horas. Murió ahí, a los treinta años. Yo tenía dieciséis meses y estaba a doce mil kilómetros. No guardo un solo recuerdo suyo: lo conocí como se conoce un país que uno todavía no ha pisado, por relatos.

Marco junto a su madre, Manuela Gumucio

Marco Enríquez-Ominami de niño junto a su madre, Manuela Gumucio.

En París, mi madre consiguió trabajo en una productora audiovisual dedicada a programas educativos para televisión infantil. Vivimos con austeridad, pero nuestra casa fue siempre un lugar digno, lleno de chilenos, de discusiones y de esperas. En el exilio mi madre rehízo su vida junto al economista Carlos Ominami, también exiliado, quien me adoptó. De ahí vienen los dos apellidos que llevo: Enríquez, por el padre que no conocí; Ominami, por el que me crió.

Aprendí francés como mi primer idioma en una guardería estatal, mientras en mi casa el castellano seguía siendo el idioma de nuestras emociones y recuerdos. Crecí entre dos lenguas, dos mundos y una identidad fragmentada, pero también entre los hijos de inmigrantes de mi barrio, que me enseñaron temprano que el mundo es más ancho que cualquier bandera.

Cumpleaños en el exilio

En agosto de 1983, el régimen militar dio a conocer una de las mayores listas de exiliados autorizados a regresar: más de 1.100 personas, quienes desde ese momento contaron con la autorización correspondiente para poder ingresar otra vez a su país. En ella aparecían los Gumucio, algunos tíos, mis abuelos, mi abuelo Rafael Gumucio y también Carlos, mi papá. Pero yo no aparecía. Tenía diez años y aprendí, leyendo una lista, que un Estado puede decidir que tu nombre no exista.

Chile no fue un destino. Fue una promesa que me habían hecho antes de que yo pudiera entenderla.

En mi casa se hablaba de Chile todos los días. Me decían que era un país hermoso, aunque viviera bajo dictadura, y crecí con la certeza de que algún día volveríamos. Tiempo después, con tan solo 13 años recuerdo la dura despedida de mis amigos. No conocía otro país para vivir pero regresé al que se convertiría en mi pasión: Chile. El único país que era mío.

El colegio

Adolescencia

Realicé mis estudios en el Lycée Victor Hugo de París, un liceo fiscal del distrito 4 de la capital francesa, en el cual fui parte de un nutrido grupo de estudiantes que compartieron el valor del pluralismo. Tras mi regreso del exilio, me matriculé en la Alianza Francesa de Santiago. Finalmente, mis dos últimos años de enseñanza escolar los hice en el Saint George’s, del que egresé en 1990.

La escuela pública francesa fue decisiva para mí. Compartí banco con compañeros gitanos, hijos de inmigrantes árabes, con niños de medio mundo. Ese ambiente plural y popular marcó mi manera de mirar: nunca me pareció natural que unos valieran más que otros. Con varios de ellos mantengo amistad hasta el día de hoy.

En Chile, mientras cursaba tercero medio, sufrí una fuerte hepatitis que me dejó seis meses en cama. Durante ese tiempo mi madre, Manuela, me llevó todas las películas que pudo conseguir. Entré a esa cama siendo un adolescente enfermo y salí con una vocación: el cine.

Formación e inicios políticos

Marco Enríquez-Ominami joven

En 1991 ingresé a la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile para estudiar Lengua y Literatura Hispánica. Poco después me cambié a Filosofía, en la misma facultad, carrera de la que me titulé en 1996. Antes de salir del colegio tenía claridad de que quería estudiar en una universidad estatal. Sociología, Antropología y Filosofía estaban entre mis opciones. Pero al final, en medio de momentos de dudas permanentes, esa misma inquietud fue la que me arrastró hacia la filosofía.

Mi participación en la política comenzó cuando era muy joven. Ya estando en Chile, ingresé a los 13 años a las filas de las Juventudes Socialistas, y en 1990 me incorporé al Partido Socialista, donde milité hasta 2009. Más adelante, en la universidad, fui elegido vicepresidente del Centro de Alumnos de Filosofía y participé en las elecciones internas para definir al candidato a la presidencia de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile en 1993.

El cine, mi pasión

Al terminar mis estudios, en 1996 regresé a Francia para realizar un taller intensivo para directores de cine en La Fémis (Escuela Nacional Superior de los Oficios de la imagen y el sonido), en París. De vuelta en Chile fui docente de Producción Cinematográfica y Cine en la Universidad Arcis. Entre 1997 y 1998 también fui profesor en el Centro de Extensión de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

El mismo año cofundé el semanario chileno The Clinic, y asumí como director ejecutivo de la productora Rivas y Rivas, donde trabajé como productor, guionista y director de cortometrajes, largometrajes, reportajes, comerciales, videos musicales, videos institucionales y telefilmes. Entre esos trabajos están Cuentos chilenos, Cuentos de la ciudad y la serie de televisión La vida es una lotería, emitida por TVN entre 2002 y 2005 y por Mega entre 2006 y 2007. En 2008 estrené la película Mansacue, basada en esa serie y dirigida por mí. Entre 2000 y 2003 fui presidente de La Factoría, un consorcio de empresas audiovisuales chilenas.

Marco dirigiendo en el set

Aunque después me enfoqué en la política y otros proyectos, nunca abandoné el cine del todo y me dediqué a hacer documentales. En 2017 estrené Rapa Ariki Matatoa: Isla de Guerreros, un documental filmado junto al abogado Ciro Colombara sobre los habitantes de Rapa Nui y su búsqueda de mayor autonomía. En 2019 impulsé, junto al cineasta argentino Rodrigo Vázquez, Al Fondo a la Izquierda, que reúne entrevistas a figuras como los expresidentes Dilma Rousseff, Rafael Correa y José “Pepe” Mujica, sobre la crisis del progresismo latinoamericano.

Mi familia

Marco Enríquez-Ominami y Karen Doggenweiler en Portada Caras

En 2003 conocí a Karen Doggenweiler, mi compañera. Yo dirigía una de las series más exitosa de TVN, La vida es una lotería, y ella me entrevistó para el matinal del canal por la promoción de uno de sus capítulos. Supe entonces que, además de periodista, criaba sola a su hija Fernanda, y que era una mujer inteligente, querida y con convicciones.

También supe que quería compartir mi vida con ella. Criar a Fernanda, que llegó a mi vida como su hija pero pronto pasó a ser también mía, fue un privilegio. A veces difícil, como es hacer familia, pero fascinante. Me confirmó algo que sigo creyendo: un niño necesita amor incondicional. Hoy ella es una mujer adulta, valiente, comprometida y solidaria. Es un orgullo que me haya transformado en su papá.

Luego llegó Manuela a nuestra familia, nuestra hija menor. Una joven aguja, insolente y valiente. Ambas son geniales. Karen nos ha enseñado algo que practicamos como familia: el amor nunca sobra; hay que amar, apoyar y estar presentes.

Marco junto a sus hijas y esposa

A mí me toca poner los límites, y no solo a ellas, sino también a Benito y Loló, nuestros perros adoptados. El tercero, Meo, nos acompañó hasta el 2020. Son parte de nuestra familia y de nuestro compromiso de cambiarle el destino a un animal de la calle.

Esta es mi familia, es mi domicilio y mi nacionalidad. En los años más duros, cuando afuera se escribía sobre mí cosas que no reconocía, esta casa fue el lugar donde volvía a ser simplemente yo. Estoy convencido de que en una familia no importa la forma, sino el fondo. Lo que nos une es el amor.

Trayectoria política

Entre 2006 y 2010 fui diputado de la República por el Distrito 10 de la Región de Valparaíso. Durante ese período, en 2009, renuncié al PS, decidí no postular a la reelección e inscribí mi candidatura presidencial como independiente para las elecciones de 2009-2010.

Esa candidatura nació para decirle al país que no estaba obligado a elegir siempre entre las mismas caras y los mismos pactos.

Nadie la dio por viable. Terminó siendo la tercera fuerza de esa elección y rompió, por primera vez en veinte años, el duopolio que ordenaba la política chilena. Contra todos los pronósticos y encuestas.

Junto a grandes compañeros y compañeras, en 2010 fundamos el Partido Progresista (PRO), con el que me presenté nuevamente como candidato a las presidenciales de 2013, siendo el primer candidato oficial de dichas elecciones, y presenté un programa de gobierno antes del inicio formal de la campaña. Entre mis propuestas estuvieron la educación gratuita, una reforma tributaria, una nueva Constitución mediante una Asamblea Constituyente y medidas para desconcentrar la economía. En su gran mayoría son propuestas que se mantienen vigentes hasta hoy.

En 2013 también presenté el libro Por un nuevo Chile: Propuestas para un debate ciudadano, un documento de 163 páginas elaborado con diecisiete asesores del Partido Progresista. Más tarde publiqué El problema no es la economía, es el poder, en coautoría con mi tío Rafael Gumucio, y Si tú quieres Chile cambia, con propuestas para un programa de gobierno progresista y solidario. Esos libros reunieron propuestas y reflexiones sobre instituciones, economía, poder y desarrollo desde una perspectiva progresista.

La suma de todos estos libros colaboró a entregarle densidad de ideas y programática, no solo a mi candidatura, sino también al proyecto país desde una mirada progresista, que hasta hoy necesita Chile.

En 2017 fui candidato porque consideré que era importante sostener la voz por la Asamblea Constituyente y una alternativa a las grandes coaliciones.

En 2019 ayudé a fundar el Grupo de Puebla, agrupación que reúne a liderazgos progresistas de América Latina, el Caribe, España y Portugal para enfrentar los grandes desafíos globales. Desde su creación, me desempeño como su coordinador ejecutivo, liderando la construcción de una agenda común basada en la integración regional, la justicia social y la defensa de la democracia.

En 2021 tuve mi cuarta candidatura presidencial. Esa campaña coincidió con el inicio de la Convención Constitucional y con un país marcado por la pandemia, el estallido social y el debate sobre la desigualdad. No obtuve la Presidencia, pero sí algo igual de valioso: la certeza de que hay millones de chilenas y chilenos que no se resignan a que la política sea solo administración, sino que creen en la política como esperanza.

En 2025 asumí nuevamente el desafío de ser candidato presidencial como independiente, convencido de que Chile necesita una conducción que entienda que los problemas del país no se resuelven con slogans, sino con verdad, trabajo y empatía. Inscribí mi candidatura con la firma de casi 40 mil compatriotas que creyeron en una alternativa al continuismo y a la derecha dura.

Once años de persecución

En 2014, mis adversarios de derecha y de izquierda inventaron acusaciones para sacarme del primer lugar en las encuestas. Lo que siguió fueron once años de investigación y escrutinio mediático, y trece causas penales.

Perdí temporalmente mis derechos políticos, es decir, el derecho a votar y a ser candidato, por estar acusado y sin haber sido condenado por nada. Los recuperé en 2021, por decisión del Tribunal Constitucional.

Gané dos juicios orales. El 25 de agosto de 2021, el Cuarto Tribunal Oral en lo Penal de Santiago me absolvió por unanimidad en la causa por la rendición de gastos de campaña ante el Servel, conocida como caso OAS, y rechazó además la demanda civil que el Consejo de Defensa del Estado había interpuesto en mi contra. Ni la Fiscalía ni el CDE recurrieron: esa sentencia quedó firme y ejecutoriada.

El 22 de octubre de 2025, tras casi once años de investigación y cerca de tres años de juicio oral, el Tercer Tribunal Oral en lo Penal de Santiago me absolvió de todos los cargos en mi contra. La sentencia, de 4.356 páginas, se notificó el 5 de agosto de 2026 y cuestionó el trabajo del Ministerio Público en la construcción de la acusación y en la duración del proceso.

No pido que se me crea a mí. Pido que se lea lo que escribieron los tribunales, que es público. Once años no se devuelven. Se pierden campañas, se pierden amigos, se pierde el derecho elemental a que tu apellido signifique lo que uno hizo y no lo que otros afirmaron.

Mis hijas crecieron leyendo titulares sobre su padre. Eso no lo repara ninguna sentencia.

Salí de esos once años como un hombre libre. Y con una convicción que no tenía antes: que un proceso sin plazos ni límites puede destruir a cualquier ciudadano, tenga o no apellido conocido, y que eso es un problema de Chile.

En qué está Marco hoy

He continuado participando en el debate público y desarrollando mi trabajo en comunicación, formación y producción audiovisual. He creído siempre que la política no se abandona después de una elección, sino que se ejerce todos los días, con coherencia, propósito y convicción. En estos años seguí recorriendo el país, escuchando a quienes se sienten olvidados por un Estado que promete mucho y cumple poco; entendiendo que cuando el Estado falla, tampoco podemos dejarlo todo en manos de un mercado que funciona mucho mejor como esclavo que como amo. Confirmé que el desafío no es sólo reconstruir la economía, sino reconstruir la confianza.

En 2026 publiqué Espejo para Príncipes, un libro sobre comunicación política escrito junto a Daniel Flores Cáceres. Mantengo un rol activo en la Fundación Progresa, espacio que ayudé a fundar en 2010, mientras desarrollo proyectos profesionales a través de la productora audiovisual que dirijo y la consultora de la que soy socio. Asimismo, a nivel regional, sigo articulando distintas iniciativas políticas, culturales y académicas en toda América Latina.

Marco en terreno

Hoy sigo creyendo que gobernar es proteger. Que cambiar Chile es posible, pero solo si lo hacemos con la verdad por delante.

PREGUNTAS FRECUENTES SOBRE LA BIOGRAFÍA

¿De qué vive Marco Enríquez-Ominami?

Marco vive de su trabajo. Tiene dos empresas con las que desarrolla proyectos en Chile y en el extranjero. La consultora 4C y la productora audiovisual Rivas & Rivas. Es director del Programa de Comunicación, Liderazgo y Sociedad del Instituto de Cooperación Latinoamericana de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y Senior Advisor de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR). Además, dicta conferencias internacionales.

¿Marco Enríquez-Ominami fue condenado en el caso SQM?

No. Ha ganado los dos juicios orales que enfrentó. El 25 de agosto de 2021 fue absuelto por unanimidad por el Cuarto Tribunal Oral en lo Penal de Santiago en la causa por la rendición de gastos ante el Servel (caso OAS), sentencia que quedó firme al no ser recurrida. El 22 de octubre de 2025, el Tercer Tribunal Oral en lo Penal de Santiago dictó veredicto absolutorio en el caso SQM después de 11 años de persecución y proscripción.

¿Por qué le dicen MEO a Marco Enríquez-Ominami?

“MEO” o “ME-O” son las iniciales de Marco Enríquez–Ominami, utilizadas comúnmente como apodo o sigla para referirse a él.

¿Qué edad tiene Marco Enríquez-Ominami?

Nació el 12 de junio de 1973.

¿Quiénes son los padres de Marco Enríquez-Ominami?

Su madre es Manuela Gumucio. Su padre biológico fue Miguel Enríquez, fundador del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria), asesinado en 1974. Posteriormente, el político Carlos Ominami lo adoptó, motivo por el cual Marco lleva ambos apellidos Enríquez-Ominami.

¿Con quién está casado MEO?

Está casado desde 2003 con Karen Doggenweiler, periodista y conductora de televisión en Chile.

¿Cuál es la profesión de Marco Enríquez-Ominami?

Estudió Licenciatura en Filosofía en la Universidad de Chile. En 1996 realizó un taller intensivo para directores en la Alta Escuela Femis-Paris, Francia.

¿Qué cargo público ha ocupado MEO?

Fue diputado de la República de Chile, representando al Distrito 10 (Región de Valparaíso) durante el período legislativo 2006–2010.

¿Qué libros ha escrito Marco?

Su libro más reciente es Espejo para Príncipes (2026), junto a Daniel Flores Cáceres, sobre comunicación política. Antes publicó seis libros de propuestas de gobierno entre 2013 y 2021.

¿Por qué se presentó como candidato presidencial desde 2009?

En 2009 su candidatura nació como una forma de decirle al país que no tenía por qué resignarse a elegir siempre entre las mismas caras y los mismos pactos. Han pasado dieciséis años y cinco candidaturas, y esa convicción no ha cambiado: “quiero a este país, y creo más en la perseverancia que en la comodidad de quedarse callado”. Cada candidatura fue distinta, pero todas partieron de lo mismo: la idea de que las convicciones se sostienen más allá de una elección puntual.

¿Cuántas veces ha sido candidato presidencial?

Cinco veces consecutivas: 2009, 2013, 2017, 2021 y 2025. La primera, en 2009, como independiente tras renunciar al Partido Socialista; las tres siguientes con el Partido Progresista; la última, nuevamente como independiente.